



El río Quilque
No son esteros, son ríos, aunque la mayor parte del año no lo parezcan.
En plena ejecución se encuentran las faenas destinadas a reponer las defensas fluviales del río Quilque, quebradas derrumbadas por la fuerza telúrica de aquel megaterremoto del pasado 27 de febrero en Los Ángeles. Son parte de un proyecto del Ministerio de Obras Públicas. Se advierte que, pese a las inclemencias del invierno -incluyendo avenidas que pusieron a prueba los trabajos e incluso socavaron parte de lo avanzado, obligando a retomar la tarea- se sigue adelante para completar todo dentro de los plazos.
Antes del terremoto, como consecuencia de aquel funesto 11 de julio de 2006, cuando se desbordaron todos los cauces de la zona, se había hecho el anuncio de una intervención integral de los ríos que atraviesan la ciudad de Los Ángeles, el Quilque y el Paillihue, así como la serie de defensas en el Bío Bío. Se abría una perspectiva evidente para poner en marcha parte esencial del Plan Maestro de Drenaje de Aguas Lluvias de la comuna, en particular, de la ciudad capital de la provincia. Fue el mismo Ministerio de Obras Públicas que, siguiendo la orden de una nueva normativa, un par de años antes había elaborado el trascendente Plan, entregando su resultado, en varias cajas, con carpetas, mapas y propuestas, a la Municipalidad, la que, como ente coordinador de mayor preocupación por el bienestar de la comuna, debía “chicotear” esas diferentes etapas. La trama de colectores primarios quedaba a cargo de Obras Públicas y la trama de colectores secundarios, para que los ejecutara el Ministerio de la Vivienda, a través del Serviu. Hemos apreciado como recientes megaproyectos, las remodelaciones integrales de las avenidas Sor Vicenta y Alemania, han incluido esos colectores.
Con las aguas por esos ductos rumbo al Quilque, se seguirá recargando el cauce, cada vez que llueva. No esa vez, sino otros años más, el río se ha desbordado, provocando molestias y daños a locales comerciales, entre otros. Por eso, tenía sentido –y era recibido con alegría- el anuncio el ministro de la época, cuando dijo que se construirían los proyectos para evitar desbordes del Quilque y el Paillihue.
Pasa el tiempo y seguimos esperando. Dos aspectos, eso sí, llaman la atención. En el cruce del cauce con la ex Ruta Cinco Sur, avenida Las Industrias o avenida Pedro Stark Troncoso, como se le quiera llamar, se iba a levantar una barrera, con lo cual se crearía una laguna de regulación del caudal, cuando viniera “el golpe de agua”, evitando que ese caudal aumentado ingresara a la ciudad, donde el río avanza por un estrecho canal. Pero los propietarios de los terrenos aledaños están rellenando el área, con lo cual se aleja la posibilidad de generar una laguna temporal reguladora. No sabemos si se ha estudiado una fórmula alternativa. Por otra parte, en la reconstrucción de las defensas fluviales, desde la calle Volcán Calbuco, del sector de la Vega Techada, hasta Colón, se están reponiendo los gaviones dejando el mismo ancho anterior e incluso en el cruce con la calle Villagrán, se estrechó algo. Cada día se ve cómo el río Quilque es tratado como un niño, algo menor, restringido, silencioso, sin derecho a pataleo. Pero, de cuando en cuando, se enfurece y le dan sus pataletas.
Es probable que las obras en ejecución permitan completar el hermoseamiento de sus riberas, incluyendo la recuperación o remodelación del paseo peatonal Ronald Ramm, no únicamente para favorecer a los locales comerciales, que están sin atender, sino para brindarle a la ciudad un reencuentro cotidiano con su río, aquel unido a su historia, desde su origen.
No se aprovechó esta oportunidad, generada por los derrumbes del terremoto, para ensancharlo, aunque fuera algunos centímetros a cada lado. Es cierto que las vías laterales son necesarias para la ciudad actual, pero también lo es que el cauce tenga una caja mayor. Antaño, era muchísimo más amplia y, producto de rellenos, fueron quitándole oxígeno, hasta que, de tanto en tanto, quiere respirar con sus pulmones oprimidos. Y la inundación es imparable.
Ojalá se complete este proyecto y se le incluyan los parques ribereños y que sirva de lección para cuando sea intervenido el río Paillihue, generalmente manso, pero que también suele enojarse y desbordar sus aguas. Por una armónica convivencia entre la modernidad y la naturaleza, requerimos intervenciones oportunas y más adecuadas. No son esteros, son ríos, aunque la mayor parte del año no lo parezcan.
Antes del terremoto, como consecuencia de aquel funesto 11 de julio de 2006, cuando se desbordaron todos los cauces de la zona, se había hecho el anuncio de una intervención integral de los ríos que atraviesan la ciudad de Los Ángeles, el Quilque y el Paillihue, así como la serie de defensas en el Bío Bío. Se abría una perspectiva evidente para poner en marcha parte esencial del Plan Maestro de Drenaje de Aguas Lluvias de la comuna, en particular, de la ciudad capital de la provincia. Fue el mismo Ministerio de Obras Públicas que, siguiendo la orden de una nueva normativa, un par de años antes había elaborado el trascendente Plan, entregando su resultado, en varias cajas, con carpetas, mapas y propuestas, a la Municipalidad, la que, como ente coordinador de mayor preocupación por el bienestar de la comuna, debía “chicotear” esas diferentes etapas. La trama de colectores primarios quedaba a cargo de Obras Públicas y la trama de colectores secundarios, para que los ejecutara el Ministerio de la Vivienda, a través del Serviu. Hemos apreciado como recientes megaproyectos, las remodelaciones integrales de las avenidas Sor Vicenta y Alemania, han incluido esos colectores.
Con las aguas por esos ductos rumbo al Quilque, se seguirá recargando el cauce, cada vez que llueva. No esa vez, sino otros años más, el río se ha desbordado, provocando molestias y daños a locales comerciales, entre otros. Por eso, tenía sentido –y era recibido con alegría- el anuncio el ministro de la época, cuando dijo que se construirían los proyectos para evitar desbordes del Quilque y el Paillihue.
Pasa el tiempo y seguimos esperando. Dos aspectos, eso sí, llaman la atención. En el cruce del cauce con la ex Ruta Cinco Sur, avenida Las Industrias o avenida Pedro Stark Troncoso, como se le quiera llamar, se iba a levantar una barrera, con lo cual se crearía una laguna de regulación del caudal, cuando viniera “el golpe de agua”, evitando que ese caudal aumentado ingresara a la ciudad, donde el río avanza por un estrecho canal. Pero los propietarios de los terrenos aledaños están rellenando el área, con lo cual se aleja la posibilidad de generar una laguna temporal reguladora. No sabemos si se ha estudiado una fórmula alternativa. Por otra parte, en la reconstrucción de las defensas fluviales, desde la calle Volcán Calbuco, del sector de la Vega Techada, hasta Colón, se están reponiendo los gaviones dejando el mismo ancho anterior e incluso en el cruce con la calle Villagrán, se estrechó algo. Cada día se ve cómo el río Quilque es tratado como un niño, algo menor, restringido, silencioso, sin derecho a pataleo. Pero, de cuando en cuando, se enfurece y le dan sus pataletas.
Es probable que las obras en ejecución permitan completar el hermoseamiento de sus riberas, incluyendo la recuperación o remodelación del paseo peatonal Ronald Ramm, no únicamente para favorecer a los locales comerciales, que están sin atender, sino para brindarle a la ciudad un reencuentro cotidiano con su río, aquel unido a su historia, desde su origen.
No se aprovechó esta oportunidad, generada por los derrumbes del terremoto, para ensancharlo, aunque fuera algunos centímetros a cada lado. Es cierto que las vías laterales son necesarias para la ciudad actual, pero también lo es que el cauce tenga una caja mayor. Antaño, era muchísimo más amplia y, producto de rellenos, fueron quitándole oxígeno, hasta que, de tanto en tanto, quiere respirar con sus pulmones oprimidos. Y la inundación es imparable.
Ojalá se complete este proyecto y se le incluyan los parques ribereños y que sirva de lección para cuando sea intervenido el río Paillihue, generalmente manso, pero que también suele enojarse y desbordar sus aguas. Por una armónica convivencia entre la modernidad y la naturaleza, requerimos intervenciones oportunas y más adecuadas. No son esteros, son ríos, aunque la mayor parte del año no lo parezcan.



